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La uña del dedo menique de la mano izquierda (Relato)

Es aquí me dijo, mientras con su mano me acercaba en dirección a la puerta.
Llovía y la gente se amontonaba debajo de un techo minúsculo, a nosotros no nos importaba  mojarnos. A las señoras de la puerta sí, esta claro que las delicadas
telas de esos vestidos de diseño perderían estilo al mojarse, esos pelos enlacados, poco naturales se verían chafados con la humedad.
A los señores de esmoquin tampoco les importaba mojarse pero sostenían firmes los paraguas corporativos que repartía el botones del hotel. Me pregunté porqué no entraban en vez de esperar en la puerta y no encontré respuesta.
Primero me encargué de mirar los acabados de esos vestidos perfectos, de curiosear como es que con el frío que hacía iban aquellas mujeres con las espaldas descubiertas... ¿a caso no tendrían abrigos de piel? o algún chal, que se yo bfff, quizás con esas prendas no se llevan con semejantes vestidos.
Segundo, comencé a analizar mi look desde mis zapatos hasta mi peinado, para ver en que grado desentonaba con aquel grupo de personas.
Esas botas gastadas pero cómodas, ese tejano (el más nuevo) y ese abrigo de hace tres temporadas... eso llevaba puesto.
De nada había servido el asesoramiento de mis amigas del grupo de whatsapp a la hora de decidir mi look para esa noche.
Antes de salir tuve que decidir entre ir correcta o ir cómoda y ya sabemos que faceta ganó, siempre odié mi vena práctica a la hora de vestir, mi propósito de cada año jamás conseguido es currarme los "outfits" y está claro que no lo logro. No voy más allá de la ropa negra, gris, camel y algún tono pastel en primavera.
Esa noche odié mi decisión por la "practicidad", me puse la excusa que no sabia donde íbamos, pero no valió. Extrañé mi falda gris con flecos, mis medias oscuras y mis tacones, extrañé ese perfume de chanel que no tengo, ese labial color carmín que no llevé y ese peinado que jamás me hago.
Aquellas señoras iban perfumadas, sus joyas habían sido elegidas con mucho mimo, el color de sus uñas no había sido improvisado.
Y mis uñas... ahí estaban, casi perfectas, casi si no fuera por aquella del meñique de la mano izquierda que me mordí mientras esperaba para pasar por migraciones.
En los aeropuertos de por aquí existen dos clases de personas, las europeas y las del resto del mundo.
Evidentemente  yo correspondo al segundo grupo. En la cola mas larga, con chinos y mujeres con pañuelos allí estaba yo. Yo y mi uña del dedo menique de la mano izquierda, la cual tuve que morder para calmar mis nervios al acercarme al policía.

-Good morning.(Buenos días) Fue lo único que dije con seguridad luego me limite a intentar traducir rápido y en hacer cara de "entiendo perfectamente".

-Reason for your trip.(Motivos de su viaje) Afirmó seco, frío y distante el policía mientras comparaba mi cara con la foto del pasaporte, ni buenos días me dijo.

-Tourism,(Turismo) respondí suspirando.

-How many days? (¿Cuantos días?) me habló sin levantar la mirada.

-Four, four days. (Cuatro) Sentencié con menos miedo.

-Where do you live? (¿Donde vives?) pronunció rápido.

-In Spain, Barcelona. Le dije orgullosa, al sentir que entendía bien las preguntas.

-What are you doing? (¿Que haces?) Me preguntó con un acento cerradísimo pero comprensible.

-Live, Work. (Vivo, trabajo)  Comenté con obviedad y un poco de indignación.

Firmó mi pasaporte y como perdonándome la vida me dijo "Welcome to London". La bienvenida más fría y distante del mundo. Le dije un Thank you so much alto y claro.

Guardé el pasaporte en el bolso pensando en mi profesora de inglés del instituto, la profe Betty Aimino... quizás, si le hubiese prestado más atención... quizás mi uña no estaría así, mordisqueada y con la mitad del esmalte ahí entre toda esa gente vestida de etiqueta.

Pero nadie se fijó en mí, solo él claro, las botas verde militar que llevaba era su calzado favorito, tengo la suerte de acertar siempre, es muy fácil estar perfecta para él, mientras más natural vaya más le gusto y me lo hace saber.

Estabamos con las manos frías pero buen enlazadas en el Hilton de la Av Park 22 de Londres.
Caminó seguro hacia el ascensor, yo me dejaba llevar mientras contemplaba todo, ese hall repleto de gente elegante, ¿a que evento irían? ¿iriamos nosotros al mismo sitio que ellos? ¿Serían famosos? El decorado era impecable... quería mirar pero ibamos decididos sin pausa hacia el ascensor. Había un elevador entre seis esperandonos, yo no tenía claro hacia donde nos dirigiamos pero tampoco me preocupaba demasiado. Cuando hacemos viajes me dejo llevar y él no falla, es un experto en encontrar rincones con encanto para sorprenderme y efectivamente una vez más ahí estaba alucinando con nuestra cita romántica nº 324546545 cabe aclarar que ninguna igual a otra.
En la pantalla del ascensor veía pasar de reojo la planta 4, 5, 6... 12, 13, 14 ... 21, 22, 23... la velocidad a la que subíamos era impresionante pero me dió tiempo de repasar mis labios con el cacao rosa palo y marcar unas ondas en las puntas del pelo.
Extendió su mano hacia mi mejilla y con el pulgar recorrió mi cara en sentido a la mandíbula, me miró amándome, asentí con una sonrisa.

Floor 28 - (Planta 28) Nos avisó una voz robótica.

Se abrió la puerta del ascensor y caminamos por el pasillo hacia donde se encontraba un señor altísimo que enseguida pronunció "Mr.Hipólito Sánchez, welcome" mientras me ayudaba a quitarme el abrigo. Sabía su nombre, ¿que había detrás de todo esto? intenté concentrarme en traducir la conversación que tenían, pero no era más que la reserva del restaurante, nada más y nada menos que en el mismísimo cielo de Londres.
Todo era una película en HD, la lluvia, las luces de la cuidad, el saxofón que sonaba de hilo musical...
Era un momento de esos que guardo en la carpeta de "Amé este momento", quería quedarme con todos los detalles que él había preparado para contárselos a la persona más romántica del mundo, la que me enseñó a disfrutar de los pequeños detalles, de las cositas con encanto, de una apasionada de sorprender con notitas inhóspitas cargadas de amor, a ella, a mi madre, ¿quien iba a entender y disfrutar más que ella al contarle semejante escena de amor?

Me acuerdo que antes pensaba que yo no era romántica, que había determinadas situaciones amorosas que no iban conmigo, no sabía entonces que sí, que lo era, solo que nadie había sacado ese costado en mí.
Estoy convencida que somos lo que nos hacen ser, lo que nos hacen sentir, y yo estaba siendo y estaba sintiendo todo aquello que él me transmitía con cada detalle preparado.
Fue justo cuando en ese momento cuando ya habíamos comido el aperitivo y repasado planning del día siguiente cuando metió su mano izquierda en su bolsillo y me miró con los ojitos pequeños, esos ojitos que se le ponen cuando se ríe fuerte a carcajadas, me miró cómplice mientras hurgaba en su pantalón, sostuvo su mirada mientras abrió la cajita que sacó del bolsillo sin soltarme la mano, me la ofreció casi sin palabras pero con lágrimas a punto de rodar por su mejilla y lloré... lloré con lágrimas de un te quiero, lloré con lágrimas de un sí, quiero.

Colocó el delicado anillo en mi dedo anular, con una testigo en primera línea: la uña del dedo meñique de la mano izquierda, en una manicura perfectamente preparada no hubiese sido yo la perfecta imperfecta Marianela.




Post de la boda: Nuestra boda, Márin & Poli

Post del viaje de novios: Luna de miel, Márin & Poli




A continuación, el trailer de nuestro viaje. Bajo el cielo de Londres.